"Si el deporte no existiera, el mundo sería más aburrido". Valentino Rossi.

lunes, 12 de noviembre de 2018

Hazlo con pasión

Ya sea en el ámbito laboral, familiar o personal, y tenga mayor o menor transcendencia, hacer las cosas con pasión es lo fundamental. Es la única manera de que el día a día se convierta en un regalo y no en una losa. En América Latina parecen tenerlo claro. En una región con tantísimos problemas sociales, con gobiernos impregnados de corrupción, un crecimiento económico totalmente estancado tras la década dorada de los 2000 y una sociedad desconcertada que empieza a abrazar las opciones más populistas y ultras (véase el reciente caso de Brasil) es asombroso observar cómo la gente sonríe, cómo se emociona y es feliz en multitud de situaciones.

El fútbol es sin duda una de ellas, quizás el mejor anestésico para los argentinos. Con un significativo repunte de la pobreza (del 27% el pasado año), una inflación superior al 40% y una depreciación del peso cercana al 50%, al gigante sudamericano se le vuelven a aparecer fantasmas pasados. Pero el Sábado todo quedaba en un segundo plano. Si existe una ciudad en el mundo que respire fútbol en cada rincón esa es Buenos Aires. Qué mejor escenario para la primera final de la Copa Libertadores entre dos vecinos, y casualmente también la última con formato de partido ida y vuelta. No se hablará por tanto allá de otra cosa en estos quince días existentes entre el choque de la Bombonera y el del Monumental. Muchas voces ya hablan del duelo de clubes más importante de la Historia. Es tanta la pasión que, nada más anunciar por megafonía la suspensión del encuentro por las torrenciales lluvias, los miles de hinchas ya presentes en la cancha de Boca empezaron a cantar, a alentar a los suyos, a intimidar al rival. Ni el tupido manto de agua que caía los consiguió silenciar.

Ayer Domingo en cambio todo lucía perfecto. El drenaje hizo su función, la lluvia amainó y no existía motivo que pudiese estropear el espectáculo. Ambos equipos salieron a tope, quizás contagiados por el tremendo ambiente de las gradas, quizás mentalizados de la importancia y transcendencia de la cita. Fieles a sus estilos, era River el que más control de juego tenía, comandados por la exquisita zurda de "Piti" Martínez, pero Boca recuperaba balones con su energía una y otra vez, lanzaba rápido las contras y pisaba el área de Armani con peligro. En una de ellas Ábila abría el marcador tras un errático despeje del arquero de River y La Bombonera se venía abajo. Apenas unos segundos duró la euforia local, pues nada más sacar Martínez filtraba su enésimo balón entre la defensa "xeneize" y Pratto ponía las tablas. Hace quince años Argentina crecía a tasas superiores al 8% anual y las figuras de River y Boca eran Demichelis, Mascherano, D'Alessandro, Marcelo Salas, Burdisso, Riquelme o Tévez. Pero ahora estamos en 2018 y los goles en la Libertadores los marcan "Wanchope" y "El Oso", dos delanteros centros a la vieja usanza que pelearían por conseguir minutos en la segunda división española. De ese minuto salvaje volvieron a salir mejor los "millonarios". El joven portero local, Agustín Rossi, protagonizaba el mejor partido de su corta carrera, aunque sus compañeros aún seguían saliendo con peligro al contragolpe, siempre con exceso de corazón y falta de cabeza. Fue, cómo no, Darío Benedetto (doblete crucial en la ida de las "semis" ante Palmeiras y que había sustituido al lesionado Pavón minutos antes) quién volvía a adelantar a Boca con un cabezazo a lanzamiento de falta. Llegó de repente el descanso y uno, casi sudando, se preguntaba cómo puede ser tan emocionante algo con tan pocos mimbres. Pero esto es Latinoamérica.

La euforia del tanto pareció prolongarse en el segundo tiempo, al cual los locales entraron mejor, teniendo ahora la presencia en campo contrario que les había faltado. Pero Matías Biscay, el ayudante del sancionado Marcelo Gallardo, pronto se percató y pasó de cinco a cuatro defensas con la entrada de Nacho Fernández, recuperando así el control del mediocampo. El cambio dio sus frutos y, junto con el empate casi a continuación en propia puerta por parte de Izquierdoz, el dominio volvió a ser visitante. Ahora Boca ya no mordía tanto, quizás por cansancio o quizás pensando en el partido de vuelta, y el encuentro entró en una frase más pausada y táctica. Los espectadores también lo agradecimos. Que una leyenda como Tévez esté para veinte minutos en este equipo da una idea de lo ya pasado de vuelta que está, pero en citas así te da un plus. Eso fue lo que le dio Barros Schelotto ayer y eso fue lo que ofreció "el apache". Animados por su emblema, los locales protagonizaron un último "arreón" final. Lo pudo coronar de nuevo Benedetto en un mano a mano con Armani, pero ahora el internacional argentino enmendó su error del 1-0 y evitó que se alterara el 2-2 del marcador.

Todo abierto por tanto para la vuelta, con ligero favoritismo para River por aquello del factor cancha y la posibilidad de disputar los 30 minutos de la prórroga ante los suyos, aunque aquí el gol visitante no tiene valor doble, aspecto a considerar. Tras el pitido final, la arenga de Tévez a los suyos y el eufórico saludo de Gallardo a los hinchas que esperaban en las afueras de las instalaciones "millonarias" dan una idea de lo que es el fútbol argentino, el latinoamericano por extensión. No sabemos quién tocará la gloria el próximo Sábado 24 en el Monumental, pero sí tenemos claro el cómo. Con mucha pasión.


domingo, 30 de septiembre de 2018

De aquí a la eternidad

José Luis Arrieta le avisa por radio de que acaba de caer una moto en una curva, que vaya con mucho cuidado. La carretera mojada de Düsseldorf, que acoge la contrarreloj de 14 km. que inaugura el Tour 2017, es una auténtica pista de patinaje. Sin embargo, ni eso asusta a Valverde, que cree que no habrá problema en entrar a la fatídica curva sin frenar, sólo dejando de pedalear. El agua, la suciedad del asfalto, el aceite que dejó la moto y quizás esa falta de precaución ayudan a que se produzca la desgracia. El murciano se pega un tremendo trompazo contra la valla que le parte la rótula izquierda en dos, además de otras facturas y heridas. "Me miro la rodilla y me digo a mí mismo: la carrera deportiva se ha acabado", recuerda el propio Alejandro en una fantástica entrevista para El Periódico (ver enlace al final del artículo) en el pasado mes de Marzo. Esa misma noche lo operan en Alemania y le esperan duros meses de recuperación. Con 37 años cumplidos, efectivamente muchos se temen que el final está cerca.

Poco más de un año después el de Movistar se presenta al campeonato del mundo de Innsbruck (Austria) como líder indiscutible de la selección española y en un excelente momento de forma. Increíble. Sólo a la altura de unos pocos elegidos. Gran parte de la jornada la protagoniza una escapada de once corredores, inicialmente, que incluso rozan los 20 minutos de ventaja con el pelotón. Pero poco a poco, y con más intensidad a partir del ecuador de los casi 270 km de recorrido, las selecciones más potentes aumentan el paso para dar caza a los fugados. El ritmo es tal que llegan a recortar 2,5 minutos por vuelta, de 27 km. cada una. Son Eslovenia, Gran Bretaña, Países Bajos y España las que más interesadas se les ve. Los nuestros, muy atentos en todo momento, tratan de estar presentes en cada corte con dos objetivos: tener presencia entre los primeros en una carrera tan difícil de controlar y evitar que se quede descolgado Valverde, la gran baza. Castroviejo, Nieve, de la Cruz y Mas arropandole en el grupo, y Herrada, Fraile e Izaguirre saliendo a cada ataque. El  trabajo da sus frutos: no se producen cortes peligrosos y los acelerones van acercando a los favoritos al grupo de cabeza. El campeón de los últimos tres años, el genial Peter Sagan, ya hace rato que se descolgó, y ahora es otro "gallo", Nibali, al que curiosamente le pasa factura el arreón de sus compatriotas buscando endurecer el tramo final, ideal para escaladores como él. Pero serán los franceses los que romperán la carrera. Pinot, Bardet i Alaphilippe muestran su poderío justo antes del tremendo muro final: 2,8 km al 11% de media, con picos del 28%. Parece ser "el momento" de la carrera, y ahí está Valverde para coger la rueda de los tres, demostrando lo fuerte que llega a este Mundial y su innata intuición. Con ellos se van también el italiano Moscon y el canadiense Wood. Es al poco de iniciar la ascensión donde se produce lo inesperado: el infernal ritmo de Bardet ha rebentado a su compañero Alaphilippe, gran favorito para esta edición. Francés, canadiense y español coronan arriba, a unos 8 km para la meta, pero un peligro acecha a pocos metros: Tom Dumoulin se retuerce sobre la bicicleta en las últimas rampas de esta infernal ascensión. Como era de preveer, el neerlandés tira de su poderoso pedaleo y acaba enlazando con el trío en la bajada. Pero esto ya parece tener dueño. Ni presión por los 38 años, ni por las 6 medallas entre platas y bronces que llevaba, ni nada. Como si de una carrera de juveniles se tratara, Alejandro comanda el último kilómetro midiendo la distancia, girándose varias veces para controlar la situación, y a 300 metros lanza un demoledor sprint hacia la gloria. Trata Bardet de meter rueda pero es un quiero y no puedo, pues el murciano cruza la línea de meta sacándole una bicicleta a sus rivales. Sus lágrimas justo al terminar y en lo más alto del podio son las nuestras viéndolo por televisión. Tras tantas veces rozándolo, y con el añadido de hacerlo tras aquella desgracia en Düsseldorf, por fin el próximo año uno de los más grandes que ha dado este deporte, uno de los nuestros, lucirá ese tan ansiado maillot arcoiris. Hoy el ciclismo sí hizo justicia.

Él dice que irá a Tokio 2020 y que luego ya se verá. Tendrá entonces 40 años, una locura para un ciclista profesional, pero conociendo al personaje ya nadie se atreve a ponerle límites. Ojala sea alguno más, por el bien suyo, de nosotros los espectadores y de todo el mundo del ciclismo en general, aunque en realidad poco importará: su recuerdo quedará para siempre en nuestra memoria.


https://www.elperiodico.com/es/ciclismo/20180302/ciclismo-movistar-alejandro-valverde-cuenta-caida-recuperacion-tour-6662632

domingo, 15 de julio de 2018

Diario de un Mundial

Dia 32 - Domingo 15 de Julio. Ya están aquí.

Hace ahora justo veinte años los dos protagonistas de la final de hoy alcanzaban sus cotas más altas de su Historia en los mundiales. En Francia '98 los anfitriones se proclamaban por vez primera campeones del mundo, en una exhibición ante la favorita Brasil, mientras que los croatas rozaban la final al caer precisamente contra los galos, casi recién salidos de la Guerra de los Balcanes. Alucinante. Casi tanto como lo ha sido este torneo, uno de los más igualados, sorprendentes y emocionantes de siempre.

Ayer Inglaterra y Bélgica disputaban ese encuentro en el que nadie quiere participar. El temprano gol de Meunier fue clave, pues obligó a los ingleses a llevar la iniciativa en el juego (lo que menos les gusta) y permitió a los belgas esperar atrás y salir en peligrosas contras (lo que más les gusta). Y el desenlace de la primera parte fue consecuente con tales expectativas. Apenas intimidó Inglaterra la portería de Courtois, mientras que Lukaku pudo incluso ampliar la ventaja. Con los cambios al descanso mejoraron los británicos. Lingard y Rashford dieron más presencia en ataque y por momentos todos pensábamos que el empate acabaría llegando. Pero no fue así, y lo que sucedió sin embargo fue la sentencia belga mediante la conexión De Bruyne-Hazard en el tramo final, esa pareja que le ha dado a Bélgica un merecido tercer puesto en el Mundial y amenaza con darle muchas más alegrías en el futuro.

Era hoy Domingo a las 17:00 h de la tarde hora española en el Estadio Luzhniki de Moscú donde tenía lugar el clímax del campeonato. Dos selecciones disputaban el partido soñado por cualquier futbolista, y ambas lo hacían con total justicia... cada una con sus propios méritos. Francia había dejado clara su solidez en ambas áreas, superando además con cierta solvencia la parte más dura del cuadro. Argentina, Uruguay y Bélgica cayeron en su camino... ahí queda eso. Croacia llegaba de forma muy distinta, jugando tres prórrogas en las eliminatorias pero con un juego mucho más atractivo y valiente que el de los galos. El ambientazo en las gradas, donde había clara mayoría croata (cualquier no-francés iba con ellos), pareció impulsar a los balcánicos, que salieron muy bien al encuentro. Llevaban la iniciativa en el juego (cómo no hacerlo teniendo a Rakitic y Modric en la sala de máquinas) mientras que su rival esperaba en su campo un hipotético fallo y darle rápido el balón a Griezmann o Mbappé. Pasado el cuarto de hora una (inexistente) falta sobre el atlético, era sacada magistralmente por él mismo y rematada de forma desafortunada por su ex-compañero Mandzukic, que en propia puerta adelantaba a los franceses. No se amilanó ni mucho menos Croacia a pesar del mazazo, y Perisic a los pocos minutos empataba a la salida de otra falta, con una gran maniobra con ambas piernas culminada con un zurdazo inalcanzable para Lloris. Se hacía justicia, y con el tanto se acentuó aún más la misma dinámica, en una primera parte con claro color blanquirrojo. Cualquiera diría que era la primera final que disputaban en su Historia. Pero esta Francia tiene detalles de selección campeona, de acertar en los momentos claves. Así lo hizo Griezmann con un penalti minutos antes del descanso. Tuvo que recurrir el argentino Pitana al VAR tras las dudosas manos de Perisic, pero acertó con su decisión. 2-1 al ecuador del partido, marcador que no reflejaba lo visto hasta el momento. En la segunda parte los croatas acusaron el desgaste físico de los tres anteriores partidos. Todos a 120 minutos. Sin la chispa de la primera mitad, los errores en el pase y la pasividad defensiva eran muestra de ello (también del mazazo psicológico que fue ese penalti) y de ello se aprovecharon unos franceses que parecen inmunes a todo eso. Estos ni se cansan, ni se hunden. En seis minutos Pogba y Mbappé finiquitaban esto con una facilidad pasmosa. Pero esto es esta Francia: solidez y contundencia. Tan decidido parecía todo con el 4-1 que incluso Lloris se atrevió a regatear a Mandzukic, que pillo metió la puntera derecha para recortar distancias. Pero el guión de esta final, de este Mundial y quizás de los próximos años ya estaba escrito. El trofeo a mejor jugador para Modric premia a una selección que ha enamorado a todos y que ha rozado el milagro representando a un país con una población total equivalente a la tercera parte del área metropolitana de París. Pero la mayor gloria se la lleva Francia, que tras perder hace dos años la final europea ante Portugal por fin ha culminado la transición desde los héroes de '98. Viendo la solidez táctica que ha conseguido Deschamps y la juventud y talento de los Varane, Umtiti, Kanté, Pogba, Griezmann o Mbappé, todo hace indicar que "les blues" han vuelto para quedarse.


miércoles, 11 de julio de 2018

Diario de un Mundial

Dia 28 - Miércoles 11 de Julio. Estados de ánimo.

La frase "el fútbol es un estado de ánimo" es tantas veces repetida como cierta. El talento es fundamental, sobre todo en la élite, como también el rigor táctico o el sacrificio y actitud de los jugadores, pero el intangible de la confianza, de la convicción, es muchas veces el factor decisivo. También en la vida, claro.

Si a los cinco minutos te pones ya por delante en la semifinal de un Mundial tu autoestima sube por los aires. Lógico. Y si además tienes las cosas tan claras como esta Inglaterra mucho más. ¿Para qué sacar el balón dando mil pases si puedes llegar al área contraria con sólo un pelotazo?. Suena a fútbol primitivo pero a este equipo le funciona a la perfección. Bueno, eso y el balón parado, su gran arma. Esta vez no fue de córner sino de un fantástico libre directo de Kieran Trippier con lo que se adelantaron en el marcador. El 1-0 parecía una auténtica montaña que superar para los croatas, que no encontraban a Modric y Rakitic y, por tanto, tampoco la forma de meterle mano a la rocosa defensa británica. Tres centrales que no sólo son casi inexpugnables, sino que también sirven para generar juego con sus continuos balones directos. Simplemente cogiendo los rechaces y estando plantados en campo contrario Inglaterra controlaba el partido a su antojo. Un juego muy simple el inglés pero que le ha valido para llegar hasta aquí. Incluso pudieron ampliar la ventaja antes del descanso, pero hoy Kane no tenía afinada la puntería. Poco varió el guión a la vuelta de los vestuarios. Sí ganó Croacia algo más en control de juego, pero este era totalmente estéril ante ese 3-5-2 tan ordenado de Gareth Southgate. Tan desesperados se veían los balcánicos que recurrieron a su antítesis: centrar balones al área. Muy optimista parecía derrocar así a lo ingleses. Pero esto es fútbol: así logró el empate. Un avispado Perisic se adelantó a Walker para empatar el encuentro. Un tanto lo cambió todo. Quizás porque no se lo esperaba ni mucho menos, quizás por la confianza que ganó su rival con él, lo cierto es que Inglaterra no supo cómo reaccionar mientras que Croacia iba creciendo con el paso de los minutos. Y ese "subidón" se ejemplarizó sobretodo en su goleador de hoy. El del Inter aparecía por todas partes, pudiendo culminar la remontada en un tiro cruzado que se fue al palo. También la tuvo Mandzukic, que disparó a la media vuelta a las manos de Pickford. El tiempo reglamentario se cumplió con la sensación de que o esto se lo llevaban los croatas o iríamos una vez más a penaltis. Quién lo diría al descanso. Siguió en efecto la misma dinámica en la prórroga, con Modric como director de orquesta. La tuvo de nuevo clarísima el de la Juventus y ex del Atlético, pero el portero inglés achicó rápido. A la tercera fue la vencida. Aprovechando un grotesco despiste de Stones, ahora sí Mario acertaba y marcaba el segundo a pocos minutos de cumplirse las dos horas de juego. El gol más importante en la historia de este país de cuatro millones de habitantes.

No tendrá muchas mejores ocasiones Inglaterra para disputar una final de un Mundial como esta, mientras que Croacia llega a la primera de su historia eufórica, tras superar tres eliminatorias de 120 minutos, dos de ellas a los penaltis. Con permiso de lo que dé de sí la temible Francia, veremos quién puede más: si el cansancio o el estado de ánimo.


martes, 10 de julio de 2018

Diario de un Mundial

Dia 27 - Martes 10 de Julio. Altos vuelos.

Las dos mejores selecciones hasta el momento del torneo se enfrentaban en la primera semifinal esta tarde en la bella San Petersburgo. Por la cita, protagonistas y escenario todo olía a partidazo. Dos equipos cosidos por le mismo patrón, con una prometedora generación de futbolistas, rigor defensivo y eléctricos ataques, no exentos de cracks con un talento infinito, claro. Todo hace falta para jugar la final de un Mundial.

No se puede entrar mal en un partido de selecciones si tu himno es La Marsellesa. Francia comenzó llevando la iniciativa, quizás también porque para esa camiseta este era casi un día más en la oficina, mientras Bélgica parecía tener algo de vergüenza. Pero cuidado. Nada más lejos de la realidad. Como un león esperando entre la maleza el momento idóneo para descubrirse e ir a por su presa, los belgas aguardaban en su campo pero salían como flechas al recuperar la pelota, con Hazard y De Bruyne como generadores de todo. Menuda pareja de genios tienen los belgas. Pronto se invirtió la tendencia, y los diablos rojos se adueñaron del juego. Tampoco parecía importarle a Francia, que con un centro del campo con Kanté, Matuidi y Pogba y arriba Mbappé con espacios no le importa lo más mínimo ceder la iniciativa. Así cualquiera. La batalla era fantástica, con ocasiones de peligro para ambos bandos. Por hacerlo bien lo hicieron hasta los porteros, que evitaron el gol sobre todo en dos ocasiones: la primera Lloris desviando un endiablado disparo de De Bruyne con la zurda y la segunda, clarísima, cuando el interminable Courtois sacó un pie derecho milagroso a chut del lateral Pavard. Llegó el descanso con 0-0, quizás la única mala noticia de los primeros 45 minutos. Al poco de la reanudación llegaría el momento que lo cambiaría todo. Se elevó Umtiti ante Fellaini, con la dificultad que ello conlleva, y con un espléndido cabezazo abría el marcador y las puertas a la final para los franceses. Porque con equipos tan seguros un gol tiene un valor incalculable. Estaba claro ahora el guión que seguiría el partido. Con Francia encerrada atrás y saliendo en peligrosas contras, no le quedaba otra a Bélgica que generar juego y tirar de creatividad. Eso sí, ahora con muchos menos espacios que en la primera parte. Si los "blues" ganan el Mundial todos los focos irán a Mbappé, Griezmann o Pogba... pero gran mérito de ello habrá que dárselo a Kanté, Matuidi, Varane o Umtiti. Qué manera de defender. Se les vio por momentos bloqueados a los de Roberto Martínez, como con falta de ideas, a pesar de la voluntad que le puso Hazard. El tantas veces intermitente 10 del Chelsea, es muy probable que tras lo visto en Rusia esa etiqueta desaparezca para siempre. Lo intentaron de todas las manera hasta el final, cierto, y fue con centros laterales y chuts lejanos donde más se acercaron al gol. Pero al final el oficio galo se impuso, escenificado en unos seis minutos de descuento en los que quizás se jugó sólo uno.

A la postre, Francia jugará una nueva final mundial, la tercera de las últimas seis ediciones, ofreciendo unas inmejorables sensaciones en todas sus líneas. Bélgica por su parte se va con la cabeza bien alta, con la exhibición de esa primera parte ante Brasil como obra cumbre, y dejando claro a todo el mundo lo mucho que se hablará de ellos los próximos años. Otro gol a balón decidió hoy, como tantos partidos en este igualado y apasionante Mundial de Rusia. Un gol, un partido y un torneo, sin duda, de muy altos vuelos.


domingo, 8 de julio de 2018

Diario de un Mundial

Dia 24 - Sábado 7 de Julio. La vieja Europa.

Tras la primera semifinal que salió de los cuartos del Viernes, ese atractivo Francia-Bélgica, ayer otros cuatro equipos europeos buscaban el pase a la segunda. En un Mundial donde Argentina y Brasil cayeron demasiado pronto, las selecciones del viejo continente están confirmando la hegemonía de Europa en el fútbol, donde nadie duda que se encuentran las mejores competiciones de clubes. Asia, África y Oceanía todavía están muy lejos, pero Rusia 2018 ha supuesto una gran decepción para el continente americano, donde se vive el deporte rey con auténtica pasión.

El Suecia-Inglaterra de las 16:00 h de la tarde era la metáfora de lo que está siendo este Mundial. El de la eficacia. Dos selecciones con poco brillo en su juego pero letales en las dos área. Juegan a lo mismo, pero los británicos tienen más talento, claro. Llegados a este punto, no iban los dos protagonistas a inventar nada, y el partido siguió el guión esperado. Con un juego plano y muy pocas ocasiones de gol, era Inglaterra la que llevaba la iniciativa, conscientes de su papel de favorito. A la media hora consiguió abrir el marcador, cómo no, a balón parado, ese recurso al que los ingleses siempre le han sacado todo el partido posible. Por algo los córners se celebran como medio gol en la Premier. El central del Leicester Harry Maguire entró como un tren y con un gran cabezazo ponía el 0-1 en el marcador. Reaccionó algo Suecia, aunque sin obsesionarse tampoco, pero ayer Jordan Pickford despejó todas las dudas acerca de si Inglaterra ha encontrado ya por fin su portero. Lo sacaba todo el del Everton, por el que ya se pelean los grandes de la Premier. Ya en la segunda parte, una buena combinación terminaba con un preciso centro de Lingard al segundo palo rematado por Dele Alli a la red. Ahí el partido pareció acabar. Alguna situación de peligro dispusieron aún los suecos, que quizás con Ibrahimovic hubiesen hecho algo histórico en este Mundial. Pero ayer Zlatan no estaba y sí Pickford con sus paradones. Así, Inglaterra estará en unas semifinales de la Copa del Mundo 28 años después, nada menos, desde Italia '90. Una espera demasiada larga para los inventores de esto.

Croacia y Rusia tenían también ante así una oportunidad histórica, que pocas veces más se les presentará. Los primeros eran favoritos, por talento y juego desplegado durante el torneo, pero los segundos quizás sean el equipo con más confianza de los que quedan, tras cargarse a España y el plus que da disputar una competición de este calibre en casa. Con Modric y Rakitic bien anulados por el entremado ruso, poco estaba ocurriendo en la primera parte, casi un calco del anterior partido, hasta que llegó el golazo de turno de Chéryshev. El ex-madridista cazó un balón a pocos metros de la frontal y lo envió a la escuadra derecha de la portería croata, inalcanzable para Subasic. El gol despertó de su letargo a Croacia y enseguida empató Kramaric tras asistencia de Mandzukic. El descanso llegó sin más sobresaltos y la reanudación los croatas metieron una marcha más. Con un Modric mucho más participativo, la sensación era que pronto culminarían la remontada. Perisic la tuvo con un disparo cruzado desde dentro del área, pero el palo evitó el 1-2. Siguió el dominio balcánico pero las ocasiones no abundaban, y el paso de los minutos provocó un lógico miedo a perder en ambos equipos sabiendo que disponían de 30 minutos más extra por jugar. El 1-1 aguantó hasta el final, y la prórroga fue preciosa. Justo en el minuto 100 llegaba ahora sí el gol croata, en un lanzamiento de corner cabeceado por el lateral izquierda Vida. Los rusos se volcaron al empate, conscientes del poco tiempo restante y de nuevo a balón parado, factor absolutamente decisivo en este Mundial, conseguían el acceso a la tanda de penaltis gracias al gol del brasileño nacionalizado Mario Fernandes. Los dos protagonistas en el tiempo extra lo fueron también en las penas máximas. El primero no falló pero el segundo sí, junto a Smolov con su penalti "a lo panenka". El paradón de Akinfeev a Kovacic abrió una rendija de esperanza, pero dos cracks como Modric y Rakitic no iban a desaprovechar una oportunidad así para hacer algo grande en un Mundial. Hay dudas sobre qué generación croata es la mejor de siempre, pero al menos ya sabemos que esta también disputará unas semifinales mundiales, como los Prosinecki, Boban, Suker y compañía hicieron hace ahora veinte años. Rusia, por su parte, tendrá que esperar, una vez más en su Historia, a lograr su ansiado asalto a Europa.

 

viernes, 6 de julio de 2018

Diario de un Mundial

Dia 23 - Viernes 6 de Julio. Millennials.

Dicen que son la generación más preparada de la Historia. Con todas las facilidades del mundo para formarse (profesional, psicológica e incluso físicamente) poseen además una ambición y un descaro desmedidos. Y talento. La duda con los milennials es si tendrán la capacidad de sacrificio y tenacidad de sus progenitores para cambiar el mundo. Las condiciones, sin duda, las tienen.

Si decimos que el Uruguay-Francia era un choque generacional no nos equivocamos demasiado. Lo que han hecho los Muslera, Godin, Suarez, Cavani y compañía la última década quedará para la historia. Uruguay no llega a los cuatro millones de habitantes. Aún les puede quedar algún que otro campeonato pero nadie duda de que su final se aproxima. Enfrente, una Francia que ya ha culminado su transición desde aquella maravillosa de los Zidane, Henry, Blanc y compañía. Les ha costado, pero ya están aquí. Cuando Killian Mbappé arranca en el centro del campo y se va con una facilidad pasmosa de tres contrarios te das cuenta que estamos ya en pleno siglo XXI. Hizo varias el crack del PSG en una primera parte muy táctica, pero controlada en todo momento por los franceses. Con Kanté a lo suyo, los centrales también, Pogba creciendo a cada minuto que pasa, Griezmann jugando fácil pero inteligente y las galopadas de Mbappé los galos generaban más sensación de peligro que los charrúas, que acusaron en exceso la baja de Cavani arriba. Así y todo, las ocasiones eran escasísimas (¿alguien sabe cómo meterle mano a Uruguay?), pero antes del descanso Varane golpeó a los sudamericanos donde más fuertes son: a balón parado. Pero los milennials no conocen la vergüenza. Le tocaba a los de Tabárez llevar la iniciativa en el segundo tiempo, y eso ya les cuesta más. No sabían cómo superar el trabajado entramado defensivo francés cuando Muslera, ante un disparo centrado de Griezmann, decidió imitar a Karius en la final de Champions. El 0-2 ya parecía una losa demasiado pesada, y así fue pues la media hora restante apenas tuvo nada. Así, Francia pasa a semifinales con una superioridad inesperada. Las lágrimas de Giménez en los minutos finales fueron reveladoras: un milennial como él quizás encajaba más en el equipo contrario.

Y a las 20:00 h. nada menos que un Brasil-Bélgica, para cerrar esta tremenda jornada. Si Uruguay notó la baja de Cavani qué decir de Brasil con la de Casemiro. El cerrojo del Madrid es también el de esta selección, la bisagra que evita que se rompa entre su gran defensa y su buen ataque (Paulinho y Coutinho también son más delanteros que centrocampistas). Su sustituto de hoy, Fernandinho, es un futbolista del siglo pasado. Eso mismo debió pensar Roberto Martínez al introducir en el once inicial a Fellaini por Mertens, desplazar a Lukaku a la derecha y adelantar a De Bruyne: superpoblar esa zona de tres cuartos de campo y renunciar al 9. Y le salió clavado. El gol en propia puerta precisamente de Fernandinho también ayudó, claro. Brasil tenia la posesión pero no el control (¿te suena, España?) y las contras belgas penetraban como cuchillo en mantequilla en la desarbolada defensa carioca. Hazard, Lukaku y De Bruyne parecían pasárselo en grande, como cuando eran niños en el patio del colegio... no muchos años atrás, por otra parte. Y Witsel y Fellaini aportando músculo, con ese peinado que sólo un milennial se atreve a llevar. En una de tantas el del City disparó un misil inalcanzable para Allison. 0-2 a la media hora. Brasil tuvo que esperar al descanso para poder despertar por fin de la pesadilla. Y lo hizo, porque salió de los vestuarios con otra cara. Tite movió el banquillo y el esquema, Neymar y Coutinho asumieron más protagonismo y sobre todo Douglas Costa y Renato Augusto le dieron más presencia en el área. El primero desbordaba por todos lados y el segundo acortó distancias al aprovechar una asistencia de salón de Coutinho. Ahora Bélgica sí sufría de verdad en defensa, pero con Courtois atrás y Hazard delante todo es más fácil. Las paradas del primero (la del disparo a la escuadra de Ney será una de las mejores del Mundial) y las retenciones de balón del segundo aportaron el oxígeno que faltaba por momentos. El 10 del Chelsea se coronó hoy como crack mundial. Al final, y pese al arreón final brasileño, los belgas resistieron y se meten en unas semifinales que no pisaban desde México'86, el de Maradona. Aquello fue el éxito de una persona. Lo de esta noche, el de una generación... que cuando se pone, se pone. El futuro es suyo.