"Si el deporte no existiera, el mundo sería más aburrido". Valentino Rossi.

domingo, 22 de febrero de 2015

De Sant Boi de Llobregat a Manhattan

El pasado Domingo un hecho histórico tuvo lugar en Nueva York. En la isla de Manhattan. En el interior del mítico pabellón Madison Square Garden. Por primera vez en la Historia de los “All-Star Games” de la NBA, dos hermanos salían como titulares en el partido donde se concentran cada año los 24 mejores jugadores de baloncesto del mundo. Pero es que además, para orgullo propio, son de los nuestros. Dos españoles. Dos catalanes. Dos chicos normales de Sant Boi de Llobregat. Pau y Marc Gasol.

La llegada de Pau Gasol a la NBA en 2001 se convirtió en un auténtico fenómeno, tanto en Estados Unidos como en España. En nuestro país ya descubrimos su potencial durante la segunda parte de la 2000-2001, cuando explotó definitivamente. Sus exhibiciones en la Copa del Rey de Málaga y en los Playoffs de la ACB quedaran en la memoria de todos los aficionados. Gasol, con sólo 20 años, hacía literalmente lo que quería sobre la cancha, y llevó en volandas al Barcelona a la consecución de ambos títulos acabando además como MVP de ellos. Prácticamente nunca se había visto nada igual en Europa. Un pívot de 2,15 con el manejo de balón, habilidad y velocidad de un base. Increíble. Lógicamente la NBA llamó de inmediato a su puerta y ese mismo verano los Atlanta Hawks le eligieron en la tercera posición del Draft, aunque esa misma noche sus derechos se traspasaron a los Memphis Grizzlies. Debido a la elevada posición en el sorteo, Pau decidió iniciar de inmediato la aventura. La dificultad del reto era mayúscula. El idioma, una cultura tan diferente, una ciudad tan cerrada como Memphis, en el profundo sur de los Estados Unidos, y sobre todo una competición tan exigente. La familia se volcó con su hijo, y tanto sus padres como sus hermanos Marc y Adriá decidieron acompañarle en su odisea. La adaptación fue inmediata. Gasol se acomodó a la perfección al juego físico y veloz de la NBA y prácticamente desde el primer día se convirtió en el líder de su equipo. En el jugador franquicia, como allí dicen. Fue elegido Rookie del Año y dejó grandes momentos, como este tremendo mate ante una estrella como Kevin Garnett. Una jugada para el recuerdo, que significó su presentación en la Liga. Su primer golpe encima de la mesa.


Los años fueron pasando y, aunque a nivel personal sus actuaciones eran excelentes (llegó incluso al All-Star Game en 2006), el equipo nunca terminó de establecerse entre los mejores. Lograron llegar a Playoffs de 2004 a 2006, pero fueron incapaces de ganar siquiera un partido y los tres años cayeron en primera ronda por 4-0. La paciencia de Pau se iba agotando. Se veía capaz de cotas mayores y al ver que no era posible en Memphis, llegó un momento en que pidió el traspaso. Finalmente en Febrero de 2008 los dirigentes accedieron y lo enviaron a Los Angeles Lakers. Otro reto tremendo. La franquicia con más prestigio de la Historia (sólo comparable a los Boston Celtics) confió en él como la pieza interior que le faltaba a un equipo que ya contaba con Bryant, Odom o Bynum. Y vaya si respondió. Ya en ese año llegaron a las Finales, donde cayeron contra los Celtics, y en los dos siguientes llegó la gloria. Pau Gasol se convertía en el primer español (y único hasta el momento) en ser campeón de la NBA (2009 y 2010) y además teniendo un papel protagonista. Daba la sensación que aquel equipo podía marcar una época, pero varios problemas lo evitaron y sus últimos años en California fueron realmente malos a nivel deportivo, aunque él siempre dio la talla. En verano de 2014 otra gran oportunidad se le presentó. Otro equipo con mucho prestigio llamó a su puerta, los Chicago Bulls. Muchas dudas habían sobre él, de si podría recuperar o no su nivel de antaño, y vaya si las está despejando. Con casi 35 años, Pau ha recuperado su mejor versión (volvió al All-Star tras unos años de ausencia) y es pilar fundamental de unos Bulls que apuntan alto en Playoffs.

Cinco años menor que su hermano, Marc no ha dejado aún una huella tan destacada, pero su futuro apunta a brillante. Después de dominar también en ACB, y ser nombrado MVP de la Liga Regular en 2008 con el Akasvayu Girona, ese mismo verano inició su aventura americana. Sus derechos pertenecían a los Lakers, pero en el traspaso de Pau pasaron a los Grizzlies y allí debutó. Su adaptación parecía más asequible que la de su hermano, puesto que ya conocía la ciudad (de 2001 a 2003 jugó en un Instituto de la zona, y a gran nivel además). Aunque no tuvo el mismo impacto que su hermano en la Liga (cosa casi imposible por otra parte), su rendimiento fue notable de inmediato. De condiciones menos espectaculares que las de Pau, Marc supo a base de trabajo ir creándose poco a poco un nombre en la competición y crecer año tras año junto a su equipo. Cierto es también que arropado por una plantilla con mejores mimbres que los de la época de su hermano, el menor de los Gasol ha explotado definitivamente esta Temporada. A su ya conocida capacidad defensiva y anotadora, está sumando una visión de juego y movilidad digna de leyendas como Arvydas Sabonis, con el que ya se le empieza a comparar. Palabras mayores. La realidad es que en la actualidad es uno de los mejores pívots de la durísima Conferencia Oeste, como así lo confirma su titularidad en el All-Star Game.


Para los no entendidos, puede parecer poco relevante la presencia de ambos en un encuentro de carácter festivo y amistoso como es el Partido de las Estrellas, pero lo cierto es que tiene un mérito tremendo. En Estados Unidos dicho partido dispone de un gran prestigio y si a eso le sumamos lo complicado que es para un extranjero abrirse paso en la NBA (dominada desde siempre por los jugadores norteamericanos) la hazaña es aún mayor. Es un síntoma más de la buena salud de la que goza el deporte español, pero sobre todo la prueba de que por muy imposible que parezca el reto, con esfuerzo y convicción todo se puede lograr. Por muy inalcanzable que parezca el desafío. Por muy humilde que sea Sant Boi de Llobregat y muy glamuroso Manhattan.

sábado, 7 de febrero de 2015

Sólo con talento no basta

La técnica individual da nombre a este Blog. Es un componente imprescindible para triunfar en cualquier deporte. Sin talento no se puede dejar huella, sin embargo sólo con eso tampoco. En fútbol tenemos muchos ejemplos. Me viene a la cabeza rápidamente un nombre. Un mediapunta brasileño. Uno de esos jugadores que destila clase por sus poros. Uno de esos cracks que con un par de controles ya hace que valga la pena pagar la entrada. Paulo Henrique Ganso debutó en el año 2008 con el Santos, y durante cuatro temporadas mostró todo su potencial junto a su amigo Neymar, consiguiendo todos los triunfos posibles en Brasil, incluida la Copa Libertadores 2011. Después se marchó a uno de los grandes de su país, el Sao Paulo, donde sigue mostrando cada fin de semana su calidad.


Sin embargo, algo falla. Viendo este video, ¿cómo puede ser que con 25 años ya todavía no haya venido a Europa? ¿O que apenas haya jugado cinco partidos con su selección y actualmente ni siquiera entre en las convocatorias de Brasil? Es un caso más de jugador talentoso, con todas las condiciones del mundo, pero que por irregularidad, por falta de ambición, por tener un carácter complicado o vete tú a saber porqué no llegan a la élite. Hace un par de temporadas el Milan estuvo muy interesado, pero el bueno de Ganso prefirió quedarse en su país, en su entorno, en una liga más cómoda y con un gran sueldo. A pesar de su juventud, parece ya que su trayectoria se estanca.

Otro sudamericano es posiblemente el ejemplo más claro de lo que estamos hablando. Precisamente anunció su retirada hace sólo un par de semanas. Es Juan Román Riquelme. El bonaerense iba para auténtico crack, incluso Maradona le proclamó como su sucesor en su día. Con tales expectativas lo fichó el Barcelona, pero su falta de adaptación, perjudicada además por la presencia de un entrenador tan estricto como Van Gaal, provocó tan sólo un año después su marcha al Villareal. Allí, con un equipo pequeño bajo su mando, Román se sintió importante y durante tres Temporadas sí mostró todo su potencial, hasta que un enfrentamiento con Pellegrini le apartó del equipo. Entonces, aún con 29 años, estaba a tiempo de probar suerte en algún otro equipo europeo, de seguir en la élite, pero también optó por lo más cómodo y regresó a casa. En sus últimos años Román ha sido más noticia por sus enfrentamientos con directivos y técnicos de  Boca Juniors que por su juego.

Dos fabulosos extremos, como Quaresma y Robinho, también tuvieron la oportunidad de estar en Barça y Madrid, respectivamente. Los dos fracasaron por diferentes motivos, y pese a otras aventuras europeas, sólo triunfaron en sus países, en su entorno. Aún en activo siguen Adriano y Cassano, dos de los delanteros más talentosos surgidos en la última década. A pesar de haber estado en grandes equipos en Italia, sólo brillaron en momentos puntuales, y no llegaron ni mucho menos a lo que apuntaban. Nunca tuvieron la ambición ni el compromiso necesarios. Y es que, aún con 32 años, sus físicos ya parecen de ex-futbolistas. Precisamente en el país transalpino hay puestas todavía muchas esperanzas en Mario Balotelli. No hay duda alguna de su enorme potencial y de que sólo tiene 23 años, pero su infantil y complicadísimo carácter ya le ha jugado muchas malas pasadas, y no augura un buen futuro. 

Al borde de la retirada se encuentra uno de mis favoritos de siempre. Otro incomprendido, otro rebelde, otro que podría haber sido y no fue. Un jugador capaz de, en su debut en el Inter, salir al campo faltando pocos minutos con su equipo perdiendo 0-1 y con dos golazos darle la victoria. Se esperaba mucho de "El Chino" Recoba, talento puro, pero los continuos enfrentamientos con sus técnicos y su falta de ambición le condenaron. Aún así, logró estar nada menos que diez años en un club tan complicado como el Inter, donde la afición todavía le adora, pero no cabe duda que le sobraba clase para haber marcado una época. 



Y es que la historia está llena de ejemplos. Si vamos retrocediendo en el tiempo nos encontramos con multitud de casos más, algunos muy conocidos en nuestra liga. El de Djalminha también es muy llamativo. Como tantos brasileños, iba sobrado de calidad y podía hacer literalmente lo que quisiera con la pelota. Por ejemplo, su regate pasándose el balón por encima que hizo ante el Real Madrid, la denominada "lambretta", tardará en olvidarse en A Coruña. Allí todavía hoy es un auténtico ídolo, pero su irregularidad y falta de disciplina hicieron que nunca se le considerara un jugador de élite. Otro compatriota suyo, Denilson, tampoco llegó nunca a lo que apuntaba. Y es que había puestas muchas esperanzas en este habilidos extremo. Tantas que, tras deslumbrar en el Sao Paulo, el Betis pagó por él 5.500 millones de pesetas en el verano de 1998. El fichaje más caro de la historia en ese momento. Ahi es nada. Ni qué decir que nunca lo justificó, es más, no se le recuerdan dos partidos buenos consecutivos. Otra zona del mundo donde siempre ha sobrado talento es en los países del Este de Europa. De allí son Robert Prosinecki y Gica Hagi, dos jugadores a la postre con carreras casi idénticas. Los dos surgieron a finales de los 80, y tras triunfar en sus clubes natales (Estrella Roja y Steaua de Bucarest respectivamente), se presentaron ante el mundo cuajando un gran Mundial de Italia'90. Su actuación llamó la atención del Real Madrid, que los fichó, pero ni en la capital ni en Barcelona, donde volvieron a coincidir años después, consiguieron dejar huella. Clase tenían para aburrir, pero su carácter introvertido y difícil evitó logros mayores.

Un contemporáneo de ambos fue el británico Matthex Le Tissier. Su historia es asombrosa. El genial mediapunta inglés, que llegó a decir que nunca en su vida había comido una ración de verduras o que su dieta se basaba en cerveza y chocolate (ya nos vamos haciendo una idea de su carácter), jugó toda su carrera en el Southampton. Nada más y nada menos que catorce temporadas estuvo en el pequeño club del Sur de Inglaterra, a pesar del interés mostrado en varias ocasiones por Liverpool y Manchester United, los dos grandes de la Premier. Pero su falta de ambición, o el amor a unos colores, según se mire, evitaron que lograse títulos y un mayor reconocimiento. Sin embargo, en las islas británicas es considerado como uno de los jugadores más talentosos de su Historia. Y es que sus exhibiciones, a pesar de su siempre aparente mal estado físico, eran contínuas. 


En España, como país futbolero que siempre ha sido, también tenemos nuestros casos. Me viene rápidamente a la cabeza un chaval que asombraba ya en La Masía, y en el que Cruyff tenia puestas muchas esperanzas. Iván De la Peña fue una de esas “eternas promesas” que se quedaron por el camino. Poseedor de una gran visión de juego, su irregularidad y la llegada al Barça de Van Gaal (sí, otra vez Van Gaal) precipitaron su salida a Italia, donde ni allí ni en Francia logró adaptarse y apenas jugó. De vuelta a casa, pero esta vez en el Espanyol, sí que pudo demostrar toda su valía. En un equipo más pequeño, donde se sentía importante, el cántabro sí realizó buenas campañas (llegando a debutar con la Selección), pero siempre nos quedará la duda de hasta dónde podría haber llegado. Otro mediapunta sobrado de calidad fue Juan Carlos Valerón. Es cierto que en el Deportivo de la Coruña estuvo muchos años y tuvo fases de gran rendimiento, pero su exquisita técnica aspiraba a muchos más. Su aparente pasividad sobre el campo y un físico que ciertamente no le ayudaba fueron sus hándicaps, y nunca tuvo la oportunidad de ir a un grande. Tampoco con España llegó a explotar, a pesar de sus 46 internacionalidades. Pero posiblemente la mayor decepción del fútbol español, al menos de la historia reciente, se llama José María Gutiérrez, más conocido como Guti. La zurda del de Torrejón de Ardoz era sencillamente genial. Un mito como Zidane dijo de él que hacia cosas que nadie en el mundo podía hacer. Sus quince años en el Bernabéu pueden hacer pensar que triunfó, pero lo cierto es que nunca tuvo continuidad en su juego, y su enorme calidad sólo se vio en momentos puntuales. Su poco compromiso y una forma de vida peculiar le provocaron enfrentamientos con muchos de sus técnicos, y evitaron que marcara una época, porque calidad tenía para ello. 


La conclusión que sacamos es que sólo con talento no basta para triunfar de verdad. Al menos en la élite. Hacen falta mucho más factores, como disciplina, compromiso o ambición. No hay duda de ello, aunque yo, personalmente, siempre amaré a estos cracks y estaré dispuesto a pagar una entrada por verles jugar.

domingo, 1 de febrero de 2015

Cuando alguien te acerca a un deporte

Estas semanas el balonmano está siendo noticia en el mundo del deporte. El Mundial de Qatar finaliza hoy con la final entre los anfitriones y la selección de Francia, la cual derrotó en una de las semifinales del Viernes a España. Los nuestros se han quedado finalmente sin medalla al perder hace unas horas ante Polonia en la prórroga por 28-29, en la denominada final de consolación”. Pero hace unos días una noticia ha logrado incluso dejar en segundo plano el Campeonato del Mundo: el croata Ivano Balic ha anunciado su retirada a final de Temporada.

Balic ha sido uno de esos fenómenos que salen cada 20 ó 30 años. Un jugador fabuloso, con un talento fuera de lo normal, de esos que provocan que gente incluso ajena a un deporte tan minoritario como es el balonmano se interesen en él, como me pasó a mí. A mediados de la década pasada, el genio de Split jugaba en la Liga Asobal, en nuestro país, en concreto en un histórico club como el Portland San Antonio. Era sin duda el mejor jugador del mundo y lideraba a un equipo que le discutía la hegemonía al Barcelona y competía de tú a tú con el mega-proyecto que estaba naciendo en Ciudad Real. Llevó a los de Pamplona a ganar Liga y Supercopa en 2005, y se quedó a un paso de coronarse Campeón de Europa al caer en una final 100% española precisamente ante los manchegos. Ese es el único gran trofeo que le falta en su increíble palmarés. En 2008 regresó a su país, donde ganó Liga y Copa durante cuatro Temporadas con el RK Zagreb, pero sus mayores logros llegaron con la selección croata: 3 medallas en Campeonatos de Europa, otras 3 en Mundiales (Oro en 2003) y 2 más en Olimpiadas (Oro en Atenas 2004). Impresionante. Además, la IHF le designó mejor jugador del mundo en dos ocasiones, 2003 y 2006, logro sólo igualado por una leyenda como Dujshebaev. Pero si por algo destacaba era por la magia que destilaba sobre la pista. Era diferente a todos los demás. Jugador de baloncesto durante su juventud, este hecho le ayudó sin duda a potenciar una privilegiada visión de juego, con un repertorio infinito de asistencias y quiebros casi nunca vistos hasta el momento en balonmano. Su otra seña de identidad, su gran variedad de lanzamientos ante el portero rival. Tiros de toda clase, de vaselina, de muñeca con efecto, con potencia por la escuadra, e incluso de espaldas. Además, esa aparente dejadez y gesto bohemio hacía su juego aún más atractivo, como si todas sus genialidades surgieran con suma facilidad. Esta característica siempre me ha asombrado entre los deportistas de élite. Como decía, en mi caso fue uno de los motivos por los que me aficioné al balonmano, durante sus años en el Portland. La verdad es que hasta ese momento poco o nada me había interesado este deporte, pero los “highlights” que Ivano dejaba Domingo tras Domingo eran demasiado espectaculares como para ignorarlos.


Tras un breve regreso a España en 2012 para jugar en el BM Atlético de Madrid (antiguo BM Ciudad Real y ya desaparecido), milita desde verano de 2013 en el HSG Wetzlar alemán. A pesar de las intenciones de renovarle de su club, “Maravilla Balic” (como le decía el mítico comentarista de TVE Luis Miguel López) ha decidido poner punto final a su carrera al acabar esta Temporada con 36 años. Decimos adiós a una leyenda, uno de los mejores jugadores de balonmano de la Historia, alguien capaz por sí mismo de acercarnos a un deporte.

domingo, 25 de enero de 2015

Negar la evidencia

Ayer en Córdoba Cristiano Ronaldo perdió los papeles una vez más (ya son 5 expulsiones con el Real Madrid sin el balón de por medio) con una desproporcionada agresión al brasileño Edimar. Pero eso no fue lo peor. Cuando se dirigía a las duchas tras ver la tarjeta roja, el portugués tuvo un feo y antideportivo gesto con la afición local, al frotarse varias veces la insignia de campeón del mundo, como presumiendo de ello. Una muestra más de prepotencia y vanidad de un jugador que, pese a su innegable calidad, también tiene defectos por mucho que algunos lo quieran tapar.

Y es que, por desgracia, este tipo de menosprecios cada vez sorprenden menos en él. Si repasamos su historial, nos encontramos con varios casos. En verano de 2010, nada más quedar eliminado del Mundial de Sudáfrica a manos de España, Cristiano le soltó un escupitajo lamentable a un cámara mientras le grababan. Un año después, tas un partido de Champions en Zagreb, declaró en zona mixta que el motivo por el que los aficionados locales le pitaban era porque "soy bueno, guapo y rico y me tienen envidia". Así, tal cual. En Abril de 2012 en Pamplona, mientras celebraba un golazo que le marcó a Osasuna, no se le ocurrió otra cosa que levantarse el pantalón y señalar su muslo derecho en gesto desafiante, presumiendo de sus condiciones físicas. Son tres ejemplos, pero el más reciente (hasta el día de ayer) y que primero nos viene a todos a la cabeza tuvo lugar hace unas semanas en Zúrich. Fue durante la Gala del Balón de Oro. Como colofón a su discurso de agradecimiento, el portugués cerró los puños, frunció el ceño, miró a la cámara y soltó un "uuuuuuhhh" que se recordará como uno de los momentos más patéticos de la Historia de la gala. Mucho se ha hablado sobre el gesto. A unos, como es mi caso, les pareció prepotente, inapropiado y totalmente fuera de lugar. Sus defensores en cambio, lo exculpaban diciendo que era un guiño a sus compañeros y su manera de exteriorizar la alegría por el premio. Yo cuantas más veces repaso el momento, más chulería y prepotencia veo la verdad. Más allá del propio grito en sí, si analizamos con calma su expresión facial, sobretodo justo después de emitirlo, entenderemos mucho mejor de qué hablo. Si esto es un gesto de alegría o agradecimiento, que venga Dios y lo vea...


Pero lo que más me molesta a mí, incluso más que el comportamiento de Cristiano (que bueno al final cada uno es como es y a veces es difícil controlarse) es la campaña de lavado de imagen constante de muchos madridistas. Suelen argumentar que su actitud se produce en respuesta al maltrato que recibe por parte de las aficiones rivales, y que todos le tienen envidia por lo bueno que es. Pero entonces, ¿por qué se meten más con él que con otros cracks? Mucho más que con Messi por ejemplo. Cristiano Ronaldo es, posiblemente, el jugador más odiado por las aficiones rivales en España. Ojo, quiero dejar claro que los insultos son totalmente injustificables, y no estoy aquí defendiéndolos ni mucho menos, pero la realidad es que el portugués genera mucha animadversión allá donde va. Yo sinceramente pienso que son sus gestos y actitudes lo que en gran parte lo provoca. ¿Sus cualidades futbolísticas? Están fuera de toda duda. Lleva 4 o 5 años entre los 3 mejores jugadores del mundo y para mi es el mejor rematador a puerta del momento... y posiblemente uno de los mejores de la Historia. Sus cifras goleadoras ahí están. Pero no me gusta la gente que tapa las cosas, que intenta lavar la imagen a toda costa. Una cosa no quita la otra. Si sus actos son reprochables, se reprochan y no pasa nada. No se puede negar la evidencia.

viernes, 16 de enero de 2015

¿Matar al mito?

¿Disciplina o auto-gestión? ¿Autoridad del entrenador o libertad de la estrella? ¿Trato igualitario o personalizado? Son preguntas muy recurrentes en el mundo del deporte, sobre el eterno debate de cómo se debe llevar el grupo por parte del entrenador. Hay opiniones de todo tipo. Estos días tal debate está muy de actualidad en Barcelona. 

La cada vez más deteriorada relación entre Luis Enrique y Leo Messi estalló definitivamente la primera semana del año. En el entrenamiento vespertino del Viernes 2, dos días antes del Real Sociedad-Barcelona, el crack le recriminó al técnico que no le pitase una falta durante el partidillo, y ambos se engancharon en una fuerte discusión. Cuentan que algún peso pesado tuvo que mediar para que la cosa no fuese a más. El Domingo 4, Luis Enrique decidió dejar a Leo en el banquillo de Anoeta, y al argentino no le sentó nada bien. Al día siguiente, el jugador se borró del entrenamiento a puertas abiertas simulando una gastroenteritis. Pero todo esto sólo ha sido la punta del iceberg. Aunque las tres últimas victorias (Atlético en Liga y Elche en Copa), parecen haber calmado algo al siempre complicado entorno culé, la verdad es que jugador y entrenador no acercan posturas. Prueba de ello, la enorme frialdad con la que Messi recibió el mensaje de su técnico en la Gala del Balón de Oro, el pasado Lunes. Desde hace ya un tiempo la relación entre ambos se ha venido complicando. La manera autoritaria que tiene el asturiano de llevar un vestuario parece no haber sentado bien a la estrella, de carácter ya de por sí complicado, quien además no soporta a algunos integrantes del staff técnico, sobre todo al psicólogo. Luis Enrique ya tuvo problemas en la Roma cuando decidió sentar en varios partidos a la leyenda romana Totti. Y es que parece que en su metodología está el tratar a todos por igual. Se llame como se llame. En principio, puede parecer la estrategia adecuada y la más justa, pero cuando en tu equipo tienes a un mito, uno de esos jugadores que salen cada 50 años, la cosa cambia. Y a lo mejor lo más inteligente es crear todas las condiciones para que el mito esté a gusto. Porque con él a gusto, los triunfos llegarán, y con ellos la felicidad de mucha gente. Guardiola, por ejemplo, lo entendió perfectamente y con él se vio al mejor Messi. También lo entendieron en Chicago, en los años 90, cuando disfrutaban del posiblemente mayor mito de la historia del deporte. Michael Jordan era conocedor y daba su consentimiento a todas y cada una de las decisiones que se tomaban en la franquicia de Illinois, pero hay una anécdota en concreto que lo escenifica muy bien. Fue durante la noche del Draft del año 1997. Jerry Krause, General Manager de los Bulls, consciente de la veteranía de aquella plantilla, estaba decidido a hacer algún movimiento con tal de rejuvenecerla, pensando en el futuro. La decisión estaba tomada. Enviarían a Scottie Pippen (32 años) a los Toronto Raptors, a cambio de la cuarta elección del Draft, que pensaban utilizar en el prometedor Tracy McGrady. Pero cuando todo estaba listo, una llamada de Jordan, amenazando con la retirada si traspasaban a su mejor amigo, dio al traste con la operación. Aquella temporada, con Jordan y Pippen al mando, los Chicago Bulls ganarían su sexto anillo de la NBA.

Ojo, no quiero decir que esté en contra de la disciplina y autoridad de entrenadores o directivos. Todo lo contrario, con el 99,9% de los jugadores éstas se deben aplicar, sobre todo para la buena dinámica del grupo y que nadie se sienta discriminado. Pero no con las leyendas. Salen muy de vez en cuando y las debemos cuidar. Curiosamente además, en sus vestuarios no suele pasar nunca nada, porque sus compañeros (como ocurre en este Barça y ocurría en aquellos Bulls) son los primeros que aceptan el status de su estrella y sus privilegios. Porque se los ha ganado. Y si la estrella sigue a gusto, ellos ganarán. Y ganaremos los aficionados, los verdaderamente importantes en este negocio. Y es que, no lo olvidemos, la gente que ama el deporte en todo el mundo lo hace por mitos como Leo Messi o Michael Jordan, y no por los entrenadores o directivos de turno. No matemos al mito.